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Delitos contra la vida humana

El homicidio

El Bien jurídico protegido:

La vida humana independiente.

Comienzo de la vida humana independiente. Teorías (útiles para diferenciar el homicidio del delito de aborto):

-Antiguo criterio tradicional del TS: cuando el nacido empieza a respirar.

-En el momento de cortar el cordón umbilical.

-Cuando se produce la expulsión completa del nacido, aunque no se haya cortado el cordón umbilical; es decir, cuando el niño es visualizable por completo.

– En el momento en que se inicia el parto. la STS 29 noviembre de 2001, argumentando en base a la STC 22/1/1999 (sobre fecundación in vitro):

– Fin de la vida humana. Existen algunas nociones legales orientativas en el art. 5 la Ley de 27 de octubre de 1979 sobre Extracción y trasplante de Órganos, desarrollado por el artículo 10 del Real Decreto sobre extracción y trasplante de órganos, de 22 de febrero de 1980, que afirma:

«Los órganos para cuyo trasplante se precisa la viabilidad de los mismos sólo pueden extraerse del cuerpo de la persona fallecida previa constatación y concurrencia, durante 30 minutos al menos, y la persistencia 6 horas después del comienzo del coma, de los siguientes signos:

  • Ausencia de respuesta cerebral, con pérdida de consciencia.
  • Ausencia de respiración espontánea.
  • Y ausencia de reflejos cefálicos, con hipotonía muscular y midriasis.
  • Encefalograma «plano» demostrativo de inactividad bioeléctrica cerebral.
  1. Tipicidad del homicidio

El elemento objetivo del tipo que contienen los diferentes enunciados legales que hacen referencia al homicidio (arts.138, 142 y 621.2 CP) es “el que matare a otro”, será castigado, como reo de homicidio, con la pena de prisión de 10 a 15 años”.

A) Sujetos

  1. Activo: cualquier persona.
  2. Pasivo: cualquier ser humano nacido y vivo (“otro”).

B) Objetos

  1. Material: el sujeto pasivo (ser humano nacido y vivo).
  2. Jurídico: vid. bien jurídico protegido: vida humana independiente.

C) Conducta típica

  1. Acción: matar a otra persona. No se precisa ningún medio comisivo especial, por lo que resulta válido para completar la acción típica el uso de cualquier medio orientado objetivamente a la producción del resultado de muerte.
  2. Resultado: muerte de otra persona.

Como se trata de un tipo de resultado, es necesario poder afirmar la imputación objetiva del resultado de muerte a la acción del sujeto.

– Requisitos doctrinales de aplicación:

1) Que la acción u omisión haya creado o incrementado el riesgo (jurídicamente desaprobado para algunos autores, introduciendo así las CJ en esta teoría) de que se dé el resultado típico (muerte de una persona).

2) Que el resultado típico que se da sea el que normalmente se sigue del riesgo creado o incrementado.

3) Que el resultado concreto sea el que la norma trataba de evitar (este requisito se exige en los delitos imprudentes).

Requisitos jurisprudenciales de aplicación:

1) Condiciones preexistentes. No interrumpe la relación de causalidad. 2) Coetáneas. No interrumpe la relación de causalidad, es decir, que la conducta homicida realice un riesgo inherente a la misma, siendo la muerte el desenlace natural de la agresión (STS 21.12.93 (RA 9598)

3) Sobrevenidas. Analizar si la letalidad de la herida es “per se” y no “per accidens”.

C) Y, asimismo, su condición de tipo de resultado permite construir la figura de la comisión por omisión, siempre que se cumplan los requisitos exigidos por el art.11 CP.

La comisión por omisión encuentra precisamente en el delito de homicidio (junto con el de lesiones) su mayor ámbito de aplicación. Por lo pronto, la compatibilidad del tipo con la omisión es aceptada sin discusión por doctrina y jurisprudencia, ya que, como se ha indicado, no se demanda ningún medio comisivo particular.

Además, el art.11 reclama, para equiparar la omisión a la acción, la constatación de la imputación objetiva; no obstante, al tratarse de una omisión, la relación de causalidad que debe afirmarse será hipotética, al tiempo que la relación de riesgo estará basada no en la creación de un peligro sino en la no disminución del riesgo preexistente a la omisión.

Por otro lado, también es preciso comprobar la infracción de un especial deber jurídico de actuar por parte del autor, esto es, la posición de garantía, que, con arreglo al art.11, puede proceder de la ley, de un contrato o de un actuar precedente.

D) Clase: común, de resultado, de lesión.

2.- Justificación

Las causas de justificación no presentan singularidades en el delito de homicidio, puesto que, en principio, son apreciables todas ellas.

La legítima defensa que exige los siguientes requisitos:

  • Agresión real e ilegítima (actual, grave).
  • Necesidad racional del medio empleado. Se exige una defensa adecuada (racional) para repeler la agresión y defender el bien jurídico agredido; no cabe exceder la defensa y que se transforme en un ataque.
  • Falta de provocación suficiente por parte del defensor.

El cumplimiento de un deber en el caso de uso de la fuerza por parte de agentes de la autoridad al amparo del art.5 de la Ley Orgánica 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. La jurisprudencia TS (vid. por todas las SSTS 1284/1999, de 21 de septiembre [RJ 1999, 7385] y 1695/1999, de 1º de diciembre [RJ 1999, 8566]) ha declarado que para la aplicación de la eximente del artículo 20.7º CP es necesario que concurran los siguientes requisitos:

que el sujeto activo sea una autoridad o un funcionario público autorizado por las disposiciones correspondientes para hacer uso de medios violentos en el ejercicio de sus funciones.

  1. que el posible delito se haya producido en el desempeño de las mismas.
  2. que el recurso a la fuerza haya sido racionalmente necesario para la tutela de los intereses públicos o privados cuya protección les está legalmente encomendada (necesidad en abstracto).
  3. que la fuerza utilizada sea proporcionada, esto es, la idónea en relación con los medios disponibles y con la gravedad de la infracción que se pretende evitar, obrando el agente sin extralimitación alguna (necesidad en concreto).
  4. que concurra un determinado grado de resistencia o de actitud peligrosa por parte del sujeto pasivo, que justifique que sobre el mismo se haga recaer el acto de fuerza.

Por otra parte si falta cualquiera de los tres primeros requisitos acabados de exponer, no cabe la aplicación de la eximente en cuestión ni siquiera como incompleta (SSTS 106/1997, de 31 de enero [RJ 1997, 398], 871/1998, de 19 de junio [RJ 1998, 5692], y la ya mencionada 1284/1999).

El consentimiento del sujeto pasivo no excluye la antijuridicidad de la conducta homicida (aunque puede llegar a tener alguna relevancia en el ámbito de los delitos de auxilio e inducción al suicidio y la eutanasia: art.143: vid. tema 1, II.3).

3. CULPABILIDAD

A) Imputabilidad.

a. Anomalía o alteración psíquica (art. 20.1).

Enfermedades mentales endógenas.Determinadas neurosis muy graves que anulan la libertad. Ambas constituyen una eximente completa, incompleta o la atenuante analógica de anomalía/alteración psíquica

b. Intoxicación plena y síndrome de abstinencia (art. 20.2).

– Intoxicación plena (20.2º p.1).Requisitos:

– Anulación de la capacidad volitiva (fundamentalmente) e intelectual del sujeto activo como consecuencia de una intoxicación plena. No obstante, el TS se muestra reticente a aplicar la eximente completa, y suele aplicar sólo la eximente incompleta incluso en casos de intoxicación plena.

– Constituirá una eximente incompleta cuando:

-La intoxicación sea semiplena, por lo que la anulación de las capacidades volitivas e intelectuales no sean totales: artículo 21.1º/20.2.º.p1.

– Sólo para una parte de la doctrina, si se ha producido una intoxicación plena pero se trata de un supuesto de actio liberae in causa: art. 21.1º/20.2º.p.1.

– Constituirá una atenuante (21.6º/21.1º/20.2º/p1) cuando la intoxicación no llegue a anular parcialmente las capacidades volitivas, pero sí afectándolas. Por lo tanto no se aplica cuando la gente va, en términos coloquiales, “alegre”.

c. Síndrome de abstinencia (art. 20.2)

Se trata de un caso bastante hipotético, pues para matar el sujeto activo necesita conservar fuerzas físicas, de manera que si el síndrome es pleno la comisión de homicidio es difícil. En cualquier caso, llegaría a constituir una eximente incompleta.

d) Alteraciones en la percepción (art. 20.3)

Se trata de supuestos en los que el sujeto activo tiene muy alterados los juicios de valor, ya que debido al desconocimiento de los valores el sujeto no ha podido tomar su decisión correctamente, no si se ha puesto realmente en contra de la ley.

e) Minoría de edad (art. 19)

Menores de 14 años: no son responsables criminalmente.

Entre 14 a 18 años: son responsables criminales pero se aplica la Ley de responsabilidad penal de menores.

B) Dolo

a. Animus necandi

La concurrencia de dolo se concreta en el llamado animus necandi (voluntad de matar). El problema principal en torno a la exigencia de dolo en el homicidio radica en su delimitación respecto del dolo propio de las lesiones (animus laedendi); sobre esta distinción se hace recaer habitualmente (con mayor o menor corrección dogmática) la calificación del delito como homicidio o como lesiones, dada la coincidencia sustancial, en el plano objetivo, de la acción típica de ambos delitos.

En efecto, no pocas acciones son suficientemente peligrosas para producir un resultado de lesiones y también un resultado de muerte, por lo que encajan tanto en el tipo (objetivo) de homicidio como en el de lesiones.

En realidad, la cuestión se convierte en un problema probatorio más que dogmático, resuelto a través de criterios indiciarios que viene aplicando insistentemente la jurisprudencia (cfr. SSTS. 19-2-97, RJ 1997\1616; 23-12-99, RJ 1999\9230; 6-5-02, RJ 2002\6792) y que, considerados conjuntamente, permiten inferir la presencia o no de animus necandi. Son los siguientes:

– Criterios objetivos:

– Naturaleza o características del medio de ataque empleado,

– Particularmente su idoneidad para producir la muerte.

– Número e intensidad de acometimientos físicos.

– Zona del cuerpo a la que se dirige el ataque.

– Criterios subjetivos:

– Relaciones entre el sujeto activo y el pasivo.

– Manifestaciones y actuaciones del sujeto antes, durante y después de la acción.

– Móviles de la acción.

– Cualesquiera otras circunstancias de tiempo o lugar.

b. Dolo eventual

Es apreciable en el delito de homicidio sin dificultades especiales.

Hay que reseñar la progresiva “intelectualización”, “normativización” y, en el fondo, “objetivación” que está experimentando la concepción del dolo en doctrina y jurisprudencia (teoría de la que es referente la STS. 23-4-92, RJ 1992\6783), de tal forma que el grado de probabilidad de consumación del tipo se convierte en indicio de la existencia de su conocimiento por parte del sujeto activo, lo que, unido a la realización voluntaria de la acción típica, permite la imputación de la conducta a título de dolo, al menos eventual.

  1. Casuística: incongruencia entre resultado y contenido del dolo
    1. Supuesto en que, queriendo matar, se ocasiona resultado de lesiones (problema del concurso entre homicidio intentado y lesiones consumadas).
    2. Supuesto en que, queriendo lesionar, se ocasiona imprudentemente un resultado de muerte (preterintencionalidad).

C) Imprudencia

a. Lógicamente, se aprecia imprudencia cuando no concurre animus necandi y sí los elementos de la culpa (infracción del deber de cuidado, previsibilidad y evitabilidad). La comisión imprudente del homicidio se castiga en los artículos 142 y 621.2 CP.

b. 142: causación de muerte, con imprudencia grave.Pueden apreciarse las cualificaciones por uso de vehículo de motor, uso de armas y de imprudencia profesional.

c. 621.2: causación de muerte, con imprudencia leve.Es posible estimar las cualificaciones por uso de vehículo de motor o uso de armas, pero no la de imprudencia profesional.

Criterios de distinción:

Imprudencia grave: falta de adopción de las precauciones más elementales exigidas por la vida de relación.

-Imprudencia leve: omisión de la atención normal o debida, esto es, por la infracción de un deber de cuidado de pequeño alcance, cercano a la cota exigida habitualmente en la vida social.

Problema: distinción entre dolo eventual e imprudencia. Acudir a las siguientes teorías:

a) De la probabilidad-representación del resultado (STS 27.12.1982 -RA7634-(si el sujeto activo se representa como altamente probable la producción del resultado y a pesar de ello continua con la acción iniciada: dolo eventual; en caso contrario, imprudencia.

b) Teoría del consentimiento (STS de 16.10.1986 RA5624), si el sujeto activo, antes de comenzar la acción se hubiese representado la consecuencia de su acción, cabe preguntarse, ¿la hubiera iniciado?… si la respuesta es positiva, se trata de dolo eventual, si es negativa de imprudencia. Para ello hay que hacer un juicio de inferencia en base a los principios de la lógica y la experiencia en función de las circunstancias concurrentes.

d. Error. Creencia errónea de actuar bajo una causa de justificación.

  1. Punibilidad

En los casos de homicidio imprudente constitutivo de falta (art.621.2), se requiere, para su persecución penal, denuncia del agraviado o de su representante legal (art.621.6); en el resto de los supuestos, el homicidio es, naturalmente, perseguible de oficio.

  1. Circunstancias modificativa de la responsabilidad criminal

En principio, son aplicables todas las circunstancias agravantes (art. 22 CP) salvo las inherentes al asesinato (alevosía, precio, ensañamiento).

En principio también son de aplicación todas las circunstancias atenuantes (Art. 21 CP): grave adicción a drogas, arrebato u obcecación, confesión a las autoridades, reparación del daño.

La relación de parentesco entre sujeto activo y sujeto pasivo da lugar a la apreciación de la circunstancia mixta (art.23), en este caso como agravante.

Por tanto, en el CP-95 no se configura, como en el Código anterior, un tipo autónomo de parricidio (art.405 CP-73, que castigaba al que matare a cualquiera de sus ascendientes, descendientes o a su cónyuge), ni tampoco de infanticidio (art.410 CP-73, que incriminaba a la madre que para ocultar su deshonra matare al hijo recién nacido).

  1. Ejecución

A) Actos preparatorios punibles: de acuerdo con el art.141, son punibles la conspiración, la proposición y la provocación (con la pena inferior en uno o dos grados a la prevista para el delito consumado); el resto de actos preparatorios, como la selección de medios homicidas o la búsqueda de la situación u ocasión propicias para la comisión de la acción típica, no es punible, salvo que pueda apreciarse algún tipo que castigue especialmente la conducta preparatoria (por ejemplo, la tenencia ilícita de armas).

B) Tentativa: empieza con la ejecución de la acción de matar. Se duda si el comienzo del uso del medio homicida (por ejemplo, exhibir una pistola y apuntar con ella hacia otro sujeto) constituye inicio de la ejecución de la acción; si el acto es completamente inequívoco (únicamente adquiere sentido si se conecta con la acción típica de matar), debe entenderse que la conducta se encuentra en fase de tentativa, mientras que si aún resulta equívoco, pertenece al ámbito de los actos preparatorios.

Debe recordarse que, en caso de llevar a cabo la acción de matar respecto de un objeto material que se encuentra ya muerto, la tentativa se considera inidónea por razón del objeto, y, además, absolutamente inidónea, ya que no concurre peligro alguno para el bien jurídico; en consecuencia, la conducta queda impune.

C) Consumación: se produce con la muerte del sujeto pasivo.

  1. Participación

– Autoría directa. Cuando se realiza directa, personal y materialmente la acción.

– Coautoría. Cuando quienes deciden cometer el delito, y reparten el dominio del hecho: todos dominan el delito y por tanto su comisión. Existen dos elementos:

– Objetivo: una contribución de hecho que tenga conexión de sentido con los actos de ejecución propiamente dichos, unido temporalmente a éstos.

– Subjetivo: acuerdo mutuo entre los miembros (anterior, simultáneo o tácito).

– Autoría mediata: Cuando se utiliza a otro como mero instrumento para cometer el delito. El Autor mediato es quien tiene la capacidad de decidir si se comete o no el hecho. El autor mediato se distingue del inductor en que el inductor no usa al autor como instrumento, sino que éste actúa dolosamente.

– Cooperación necesaria: se refiere a aquellos casos en los que el hecho no puede cometerse sin la intervención de varias personas.

– Inducción. Cuando se ejerce un influjo psíquico directo (no en Comisión por omisión) e intencionado (con dolo) sobre un inducido concreto para que se decida a cometer un delito también en concreto al que no estaba resuelto, y pone al menos un acto de ejecución. Son aquellos que no tienen el dominio del hecho, el cual lo tiene el sujeto incitado.

– Cómplicidad: Basta que el cooperador favorezca el hecho, incluso aportando medios morales, no siendo necesario una relación de causalidad física. Los actos de encubrimiento prometidos antes de la realización del hecho se entienden por actos de cooperación.

  1. Concursos

A)Por razón de la especial protección del objeto material

a) Homicidio del Rey o sus allegados: art.485.

b) Homicidio de un Jefe de Estado extranjero u otra persona internacionalmente protegida por Tratado, que se halle en España: art.605.1.

El concurso es, en principio, de normas en relación de especialidad.

B) Por razón de los medios o los móviles: asesinato (arts.139, 140)

El concurso es, en principio, de normas en relación de especialidad.

C) Por diferencias entre el resultado causado y el querido

  1. Homicidio doloso intentado-lesiones consumadas: vid. supra.
  2. El llamado homicidio preterintencional.

Supuesto en el que un sujeto maltrata o lesiona a otro con dolo, pero produce un resultado de muerte, concurriendo imprudencia respecto de este último resultado. En estos supuestos, la doctrina ha propuesto varias formas de proceder:

– Consumir las lesiones en el homicidio imprudente cuando aquéllas son de ínfima significación. Tal es el caso de la célebre sentencia de 4-7-1872, en la que una mujer pega un “capón” en la cabeza de un joven, causando un derrame cerebral y consiguientemente la muerte.

Si es posible afirmar la imputación objetiva del resultado de muerte a la acción, la desproporción entre una infracción y otra es tal que, valorativamente, el concurso de delitos puede convertirse en uno de normas, en relación de consunción, resuelto en favor del homicidio imprudente.

Emitir un diagnóstico hipotético, mediante informe pericial, de la entidad de las lesiones que se hubieran consumado caso de no haberse producido la muerte. Esta solución, inicialmente acogida por parte de la doctrina, debe descartarse por falta de seguridad jurídica en la determinación del tipo aplicable de lesiones dolosas (cuya penalidad puede ser superior a la del homicidio imprudente).

-Construir, ante la imposibilidad de probar la consumación de un tipo concreto de lesiones, el concurso ideal de delitos entre el homicidio imprudente y el tipo más leve de lesiones, esto es, la falta de lesiones del art.617.1 o la de maltrato del 617.2.

Este procedimiento es el más aceptado actualmente entre doctrina y jurisprudencia. Sin embargo, se le puede oponer la objeción de que la penalidad que implica puede ser excesivamente benigna. En efecto, aunque se trata de un concurso ideal de delitos, se termina imponiendo la acumulación de penas de cada infracción por separado (art.77.3 CP), lo que, teniendo en cuenta que las lesiones por las que finalmente se castiga son constitutivas de falta, da lugar a una penalidad acumulada escasa.

D) Por presencia de error (impropio)

Vid. supra.

E) Por la concurrencia de determinadas condiciones

a. Terrorismo: cuando el homicidio se efectúa en el marco de la pertenencia o la colaboración con banda armada, organización o grupo terrorista: art.572.1.1º.

b. Genocidio: cuando el homicidio se lleva a cabo con propósito de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso: art.607.1.1º.

c. Delito de lesa humanidad: cuando el homicidio se realiza como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil o contra una parte de ella: art.607 bis) 1 y 2.1º.

El concurso es, en principio, de normas en relación de especialidad.

F) Por la pluralidad de resultados de muerte ocasionados con una sola acción

En este caso, el concurso es de delitos, real o ideal en función del sentido que se atribuya al término acción: si se toma en su acepción estricta (sin incorporar el resultado), entonces se estima una sola acción y el concurso se considera ideal (solución tradicional).

Por el contrario, en sentido amplio (incorporando el resultado al concepto de acción), hay tantas acciones de matar como resultados acaecidos, por lo que el concurso se considera real (solución más aceptada por la doctrina en la actualidad).

La jurisprudencia tiende a asumir la tesis del concurso real cuando se trata de delitos dolosos, mientras que propende a mantener la solución tradicional en los casos de delitos imprudentes.

G) Por la concurrencia (aparente) de los elementos del delito continuado

Aunque se cometan varios homicidios bajo un plan preconcebido o aprovechando idéntica ocasión, no puede apreciarse delito continuado de homicidio por constituir un delito cuyo bien jurídico protegido es eminentemente personal (sin que se trate de ninguna de las excepciones previstas en el art.74 CP).

  1. Penalidad

-138 (homicidio doloso): prisión de 10 a 15 años.

-142 (homicidio con imprudencia grave): prisión de uno a 4 años.

Según las cualificaciones apreciables: privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores de uno a 6 años; privación del derecho a la tenencia y porte de armas de uno a 6 años; inhabilitación para el ejercicio de la profesión, oficio o cargo de 3 a 6 años. Debe recordarse que se trata, en caso de apreciación de estas cualificaciones, de penas principales.

-621.2 (homicidio con imprudencia leve): multa de uno a 2 meses.

Según las cualificaciones apreciables: privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores de 3 meses a 1 año; privación del derecho a la tenencia y porte de armas de 3 meses a un año. Debe recordarse que se trata, en caso de apreciación de estas cualificaciones, de penas principales.

  1. Responsabilidad civil

La Ley 35/1995, de 11 de diciembre, de ayuda y asistencia a las víctimas de delitos dolosos violentos y contra la libertad sexual, prevé la concesión de ayudas a víctimas directas o indirectas de delitos dolosos violentos con resultado de muerte, lesiones corporales graves o daños psíquicos graves.

[1] Estos apuntes han sido elaborados con textos del profesor Antonio Obregón García

El delito de homicidio tipificado en el artículo 138 de nuestro Código Penal es uno de los más graves que existen y aquel que lo cometa podrá ser castigado con penas de prisión de diez a quince años.

Este delito será penado con la pena superior en grado, es decir de quince años a veintidos años y medio, cuando la víctima sea menor de 16 años, o se trata de personas especialmente vulnerables.

El Código Penal sanciona todas aquellas conductas peligrosas para la vida o la integridad física y, en especial, aquellas que atentan contra la vida de las personas.

La ley no distingue respecto de los medios utlizados para la comisión del mismo, sino que abarca todos los medios, formas o instrumentos que causen la muerte de una persona.

Homicidio imprudente

Aquel que produzca una acción generadora de peligro causando la muerte de una persona, aunque sea de forma imprudente será castigado con penas de prisión de uno a cuatro años.

Por ejemplo usted conduce su coche, se salta un semáforo y atrapollea a una persona causándole la muerte. En este caso, existe un dolo eventual teniendo en cuenta que ese peligro estaba presente y lo podría haber evitado parando en el semáforo y dejando pasar al peatón.

La casuística en este tipo de delitos es enorme y siempre hay que tener en cuenta todas las circunstancias concurrentes para poder valorar si realmente existe una imputación objetiva.

Tentativa de homicidio

Aquel que lleve acabo un plan o actuación con la finalidad de acabar con la vida de una persona y su acción se haya visto frustrada por causas independientes de su voluntad podría ser sancionado por un delito de tentativa de homicidio del artículo 16 en relación con el artículo 62 del Código Penal.

En este caso, al no consumar la acción se le impondrá la pena inferior en uno o dos grados, es decir de cinco a diez años o de años en el caso de la pena inferior en grado y de dos años y medio a cinco años en el caso de la pena inferior en dos grados.

Para que sea considerado el delito de tentativa de homicidio, debe haber un plan del autor que suponga un riesgo para el bien jurídico protegido que este tipo penal protege, la vida.

Debemos distinguir entre tentativa acabada y tentativa inacabada según el peligro generado por la conducta del autor, de ahí que la tentativa inacabada por la no continuación de la agresión conlleve una pena inferior en dos grados y en cambio la tentativa acabada en un grado.

Estará exento de responsabilidad del artículo 16.2 del Código Penal aquel desista de su ejecución de manera voluntaria, sin perjuicio de las responsabilidades en que pudiera haber incurrido por los actos ejecutados. Por ejemplo, dejar voluntariamente de apretar la almohada sobre el rostro de la víctima.

En estos casos es el propio autor el que directamente impide la consumación del delito.

 

Diferencias entre homicidio y asesinato

La principal diferencia para que se considere asesinato en lugar de homicidio, es aquel se haya cometido a través de un plan preconcebido, es decir, con alevosí, precio o recompensa o con ensañamiento.

EL ASESINATO

1.Tipicidad del asesinato

Los enunciados legales que hacen referencia al asesinato son los arts.139 y 140. El primero de ellos contiene lo que podríamos denominar asesinato básico y el segundo precepto el llamado asesinato cualificado.

El art.139 castiga, como reo de asesinato, al que mata a otro con la presencia de uno de los elementos cualificantes que designa el precepto (alevosía, precio, ensañamiento). Sin embargo, el legislador utiliza una fórmula extraña para designar al asesinato cualificado: “cuando en un asesinato concurran más de una de las circunstancias previstas en el artículo anterior…”.

Propiamente -mantiene un sector doctrinal-, sólo puede hablarse de asesinato cuando se aprecia uno de los elementos cualificantes; por tanto, si el asesinato cualificado del art.140 requiere, además de la existencia de un asesinato, la concurrencia de más de una de las circunstancias enumeradas en el art.139, significa que se precisa la presencia de los tres elementos cualificantes para aplicar el art.140.

No obstante, la mayoría de la doctrina y, sobre todo, de la jurisprudencia (cfr., por ejemplo, las SSTS. 25-3-2004 -RJ 2004\2302, 27-1-2005 -RJ 2005\1632- y 20-4-2005 -RJ 2005\6798-) parece decantarse por entender que el subtipo cualificado del art.140 sólo demanda la concurrencia de dos de los tres elementos cualificantes (solución probablemente sensata, aunque poco respetuosa con el tenor literal del art.140).

De concurrir las tres, normalmente se considera que las dos primeras forman parte del tipo y la tercera “recobra” su condición de circunstancia modificativa (agravante, lógicamente), con la eficacia penológica propia de las circunstancias.

2.Sujetos

Activo: vid. homicidio.

Pasivo: vid. homicidio.

3.Objetos

Material: vid. homicidio.

Jurídico: vid. bien jurídico protegido: vida humana independiente.

4.Conducta típica del asesinato

-Acción. Consta de dos elementos:

Matar a otra persona. Se trata de la acción básica, idéntica a la del homicidio.

– Elementos cualificantes. Ha de concurrir alguno de los elementos siguientes (vid. supra la consecuencia de la concurrencia de varios elementos):

Alevosía

El art.139 no proporciona una definición diferente de la alevosía a la que contiene el nº2º del art.22, por lo que es preciso atenerse a la interpretación auténtica de este precepto: “hay alevosía cuando el culpable comete cualquiera de los delitos contra las personas empleando en la ejecución medios, modos o formas que tiendan directa o especialmente a asegurarla, sin el riesgo que para su persona pudiera proceder de la defensa por parte del ofendido”.

De acuerdo con la definición legal, la alevosía se construye a partir de la concurrencia de tres elementos:

Objetivo: Empleo de medios que eliminen la defensa de la víctima.

Subjetivo: Intención de asegurar la ejecución del delito, buscando la indefensión del ofendido, reflejo de “cierta vileza o cobardía al obrar”.

Normativo: Por decisión legislativa, la alevosía sólo puede apreciarse en los delitos contra las personas, requisito que, evidentemente, se cumple en el caso del asesinato.

La jurisprudencia, en una elaborada doctrina, ha entendido que la alevosía comprende cualquiera de los siguientes supuestos:

  1. Alevosía proditoria: caracterizada por la “traición, acechanza, trampa, insidia, emboscada, celada o lazo”.
  2. Alevosía aleve: ataque fulgurante, imprevisto o repentino, súbito o inopinado.
  3. Alevosía de prevalimiento: aprovechamiento de una especial situación de desvalimiento de la víctima; por ejemplo, cuando la víctima es un niño de corta edad, un anciano debilitado o un enfermo grave o inválido.

Esta tercera modalidad de alevosía es la que ha planteado más discrepancias doctrinales. El hecho de que se aprecie alevosía en todo supuesto de agresión a una persona indefensa per se no es aceptado generalmente por la doctrina, por diversas razones: de un lado, en muchos casos se prescinde indebidamente del elemento subjetivo (cuando el sujeto activo no busca ni se aprovecha de la indefensión, sino que ésta preexiste a la agresión).

Por otro lado, en determinadas ocasiones (vgr., cuando la víctima es un tetrapléjico o un enfermo terminal) cualquier ataque se tendría que considerar alevoso, aunque el autor intentara evitar la indefensión, lo cual carece de sentido, porque conduciría a la estimación automática de la agravante sin tener en cuenta el fundamento de ésta. No obstante, hasta ahora parece prevalecer en la práctica la interpretación expuesta.

En relación con la alevosía en el asesinato, la jurisprudencia suele efectuar varias precisiones que delimitan su ámbito de aplicación:

-La alevosía no implica necesariamente premeditación (por ejemplo, si un sujeto va a matar a otro sin una planificación previa, pero se lo encuentra de espaldas e intencionadamente aprovecha esa situación de indefensión, concurre alevosía).

-No concurre alevosía cuando el ataque no comienza siendo alevoso pero se merma e incluso elimina la defensa de la víctima tras sucesivas agresiones.

No obstante, sí se aprecia este elemento en los casos que la jurisprudencia denomina “alevosía sobrevenida”, esto es, en los que se lleva a cabo un primer ataque no alevoso, pero se realiza otro posterior, significativamente distinto del anterior, que sí reviste caracteres alevosos.

-Y tampoco se aprecia alevosía cuando el ataque comienza revistiendo caracteres alevosos, pero no continúa siéndolo (por ejemplo, un sujeto golpea a otro por detrás y la víctima se revuelve y forcejea, aunque finalmente fallece).

Precio, recompensa o promesa.

De nuevo, este elemento cualificante no presenta características diferentes a la circunstancia correlativa descrita en el art.22. Recordemos su contenido: “precio” hace referencia a entrega de una cantidad de dinero; “recompensa” a un pago en especie; y la “promesa” lo es de un pago posterior a la comisión del delito (aunque la entrega de la cantidad prometida no se realice finalmente, la cualificación debe estimarse).

Los elementos de esta cualificación son:

  1. Recepción o promesa de una merced de tipo económico para la ejecución del hecho.
  2. La merced económica debe ser la causa motriz del delito.
  3. Acuerdo entre quien entrega y quien recibe el precio.
  4. La merced debe tener cierta entidad desde el punto de vista económico.

Ensañamiento

Esto es, “aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido”. En este caso, el art.139 sí modifica el tenor de la definición de ensañamiento respecto de la enunciada en el art.22: por un lado, se cambia la palabra “sufrimiento” por “dolor”, lo que no parece implicar una alteración sustancial del significado de la expresión; por otro, en el art.139 no aparece la exigencia de que se causen padecimientos innecesarios para la ejecución del delito, diferencia que sí puede resultar más importante, pues podría dar a entender que la cualificación se basa en la existencia de un gran dolor sin que se requiera, además, la presencia de males innecesarios.

No obstante, la jurisprudencia no aplica de forma distinta el ensañamiento como elemento típico del asesinato y como agravante genérica. Por tanto, los elementos de la cualificación son:

Objetivo: aumento del dolor (físico o moral) del ofendido, más allá de lo necesario para la consecución del delito, teniendo en cuenta los medios de que dispone el sujeto activo para lograrlo.

Por tanto, no concurre ensañamiento si la conducta dirigida a causar dolor se practica estando la víctima ya muerta o inconsciente (como en los casos de puñaladas post mortem).

Subjetivo: voluntad deliberada e inhumana de hacer sufrir.

-Resultado: muerte de otra persona.

En este ámbito, no se presentan particularidades respecto del homicidio, salvo la discusión acerca de la aplicabilidad del art.11, relativo a la comisión por omisión, cuestión derivada de la polémica sobre la naturaleza jurídica del asesinato (cfr. cápsula).

Además, también se discute la compatibilidad “´fáctica” de la comisión por omisión con el asesinato, por la necesidad del empleo de medios comisivos especiales. No obstante, si bien es difícil concebir la omisión en los casos en que el asesinato se cualifica por la alevosía o el ensañamiento (aunque no imposible), no hay tal dificultad en el caso del precio.

5.Clase: común, de resultado, de lesión.

Vid. homicidio, aunque, en principio, no resulta fácil imaginar alguna causa de justificación cuyos presupuestos sean compatibles con los requisitos propios del asesinato.

3. Culpabilidad

A) Dolo

  1. Animus necandi y dolo respecto del elemento cualificante

El asesinato requiere necesariamente dolo, ya que, por un lado, no se castiga la comisión culposa (toda muerte causada con imprudencia, aunque el medio empleado objetivamente sea alevoso o doloroso, debe orientarse al homicidio culposo de los arts.142 y 621) y, por otro, los elementos cualificantes requieren un elemento subjetivo naturalmente incompatible con la existencia de imprudencia.

  1. Dolo eventual

A diferencia del homicidio, una gran parte de la doctrina -normalmente la seguidora de la tesis de la naturaleza sui generis del asesinato- impugna la posibilidad de apreciar asesinato cuando sólo concurre dolo eventual y no dolo directo.

Como se indica en la “cápsula” relativa a la naturaleza jurídica, este sector doctrinal opina que el dolo eventual manifiesta una menor intensidad de la voluntad homicida, lo que se considera insuficiente para “merecer” el reproche (y la pena) que se asocia al asesinato; por ello, entiende que los medios empleados o los motivos considerados característicos del asesinato deben ir encaminados finalísticamente a causar la muerte.

Sin embargo, como apunta MAPELLI CAFFARENA, en los supuestos en que el sujeto obra con dolo directo respecto del elemento cualificante y dolo eventual respecto del resultado de muerte, parece lógico estimar el delito de asesinato, puesto que el mayor reproche que se atribuye a este delito procede precisamente de la presencia del elemento cualificante. Además, de no ser así, se obligaría a construir una figura (homicidio con agravantes genéricas de alevosía, precio o ensañamiento) dogmáticamente rechazable por contrariar el tenor del Código en su art.139.

Y no son tan extraños los casos que responden al esquema indicado: por ejemplo, el envío de una carta-bomba a una persona determinada para matarla asumiendo que tal vez otros puedan morir, o el pago de un precio para dar una paliza a un sujeto sin importar que muera, o la búsqueda inhumana del dolor ajeno sin perseguir necesariamente -pero sin descartar- su muerte.

Si se admite la compatibilidad del dolo eventual con el asesinato, no obstante sí debe tenerse en cuenta su presencia para moderar la pena dentro del marco penal concreto que resulte de la aplicación de las reglas de determinación de la pena correspondientes.

B)Error sobre elementos cualificantes

Si concurre error sobre un elemento cualificante, resulta de aplicación el art.14.2 (el error sobre un elemento que cualifica la infracción impide su apreciación).

  1. Punibilidad

Sin particularidades.

  1. Circunstancias modificativas

Si aceptamos la tesis de la condición de delito cualificado del asesinato, la alevosía, el precio y el ensañamiento constituyen elementos típicos y, por tanto, no despliegan su eficacia habitual como circunstancias.

No obstante, como se ha señalado al comienzo del tema, si concurren los tres elementos, la mayoría de la doctrina sostiene que una de ellas recupera su carácter de circunstancia agravante genérica, con su virtualidad propia.

Por lo general, la apreciación del elemento cualificante de la alevosía excluye la de las agravantes del nº2º del art.22 (particularmente abuso de superioridad y aprovechamiento de circunstancias que debilitan la defensa de la víctima) y del nº6º del art.22 (abuso de confianza, cuando ésta se utiliza para lograr la falta de tensión vigilante del sujeto pasivo y con ello su indefensión).

  1. Ejecución

a)Actos preparatorios punibles: de acuerdo con el art.141, son punibles, con la pena inferior en uno o dos grados a la prevista para el delito consumado, la conspiración, la proposición y la provocación.

b)Tentativa: se suscita la duda respecto de si la tentativa empieza con la ejecución de la acción de matar o basta con la realización de un algún acto perteneciente a la esfera de la cualificación, pero no constitutivo de la acción de matar (pagar el precio, inferir cortes no mortales pero dolorosos, atar a una silla…).

Como se ha indicado en la “cápsula” relativa a la naturaleza jurídica, la alevosía, el precio o el ensañamiento son, para los partidarios de la tesis de la autonomía del asesinato, elementos típicos esenciales; de esta forma, si se ejecuta algún acto que integra el contenido de estos elementos (por ejemplo, pagar el precio), aunque no se dé inicio a la acción de matar, ya se comenzaría con la ejecución del hecho y, por tanto, la conducta quedaría en grado de tentativa.

Sin embargo, para los seguidores de la tesis del delito cualificado, los elementos cualificantes son elementos típicos accidentales, de modo que su realización no permite considerar que se ha dado inicio a la ejecución de los actos que objetivamente deberían producir el resultado de muerte (art.16), por lo que, hasta que no se empiece la propia acción de matar que constituye el contenido de la acción típica del tipo básico, no puede castigarse a título de tentativa.

c) Consumación: se produce con la muerte del sujeto pasivo.

  1. Participación

Vid. cápsula y casos.

  1. Concursos

Vid. homicidio. Debe tenerse en cuenta que la necesidad de la existencia de un elemento cualificante puede favorecer la presencia de relaciones concursales de alternatividad con otros delitos cualificados contra la vida.

  1. Penalidad

-139 (asesinato “básico”): prisión de 15 a 20 años.

-140 (asesinato cualificado): prisión de 20 a 25 años.

  1. Responsabilidad civil

Vid. homicidio. 

 

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